Por motivos laborales he tenido la suerte de pasar cuatro días en Dublín. Una ciudad muy acogedora, verde y fría. Y con mucha cerveza, claro. Imaginad si la cerveza es importante en Dublín que en el aeropuerto hay un pub. Invocad la imagen de un pub irlandés tradicional, con sus maderas, sus pintas de negra, … dentro de un aeropuerto, pasado ya el control de seguridad. ¿Sorprendente?
Allá todo es caro, hasta la cerveza, y ¡¡no tiene pastelerías!! O al menos yo no las vi. Sus supermercados venden de todo: bollería, prensa, café recién hecho, bocadillos calentados al momento, etc. Supongo que son lo más cercano a mis queridas pastelerías. No es que desconozcan la repostería pero creo que no le guardan el debido respeto.
Los coches circulan por el lado equivocado y eso genera mucha inseguridad, claro. Los peatones, asumido que los coches no saben lo que hacen tampoco respetan mucho la señalética urbana y yo mismo reconozco haber arriesgado mi vida, sin conocimiento de ello, varias veces.
He bebido cerveza en una iglesia, lo cual tiene su morbo blasmefo y es otro ejemplo más de las prioridades irlandesas. Bien por ellos.
No se si la ciudad es pequeña o grande, muchas casas de cuatro pisos y sótano, así que la ciudad debe ser extensa, seguro. Pero el “centro” o la parte más turística: Trinity College y Temple Bar no es muy grande y se puede hacer el turista de una forma bastante cómoda.
El viernes hizo un frío importante aunque aún podías ver gente en manga corta. Supongo que las pulmonías son algo común entre los irlandeses, de ahí la cerveza. En Irlanda hay una verdadera cultura de la cerveza y existe un conocimiento exquisito acerca de sus variedades y características. Ni que decir tiene que he vuelto totalmente imbuido del espíritu irlandés.
He hecho promesa de volver sólo de turista y con mi compañía preferida para estos menesteres. Creo que me dejé algo de cerveza por beber.