Puppetland

El otro día tuve la oportunidad de probar “Puppetland”, de John Tynes, donde los jugadores interpretan a marionetas en un mundo tétrico, Puppetland, donde Punch ha matado al bueno del Creador, siempre es de noche, la comida son caramelos y existe un lago de leche y galletas. El estilo de narración está orientado a contar cuentos entre todos los participantes aunque el narrador es el que debe dar entorno y continuidad y los jugadores el diálogo.

La creación de personajes es sencilla aunque obliga a trabajar mucho el concepto del personaje, en vez de repartir números debes decidir el tipo de títere, de dedo por ejemplo, tres rasgos que el títere es, tres cosas que puede hacer y otras tres que no puede hacer. El entorno y el aire un tanto infantil del juego hace que muchos de los títeres fueran “alegres, optimistas, valientes, glotones…” atributos todos ellos bastante alejados de los que se pueden encontrar normalmente en una mesa de juego.

La historia y la narración me salieron infantiles y los jugadores decidieron cambiar el tono de sus voces para parecer niños, también. Nada de esto es necesario aunque es cierto que las historias tienden a ser sencillas y cercanas a los cuentos para niños, todo esto una ventaja por explotar porque permite jugar con ciertos clichés y tópicos alejados de las estructuras de juego más normales.

Aunque acabé bastante descontento con la partida, convencido de que no volvería a jugar, la reflexión más fría y el tiempo me han hecho ver que nada de eso, seguro que volveré a jugar a Puppetland. Es un juego capaz de transmitir calidez humana y capaz, también, de ser divertido, ¿qué más se puede pedir?

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