De cocinas e ITIL
El otro día estaba comiendo en un restaurante cuando vino a mi la siguiente reflexión: Todo el mundo puede cocinar, incluso hay gente no profesional que lo hace realmente bien. Yo mismo preparo algún que otro plato de forma razonable y cualquier que lea esto pensará lo mismo. Sin embargo, dirigir una cocina es algo totalmente distinto. No estamos hablando de realizar un plato sino de coordinar y controlar a todo un conjunto de cocineros realizando decenas de platos de forma simultánea que deben llegar en tiempo determinado a los clientes que los esperan impacientes. No estamos hablando de un pequeño bar familiar sino de un verdadero restaurante con capacidad para varias decenas de clientes y una carta “exquisita”. Evidentemente, los chefs no están solos. A lo largo del tiempo se han desarrollado técnicas y conocimientos que permiten convertir un caos improductivo es una delicia para el paladar.
Esta reflexión es una metáfora perfecta para la gestión de servicios de tecnología de la información. Por desgracia, una que se da demasiado a menudo. Un especializado en, por ejemplo, el desarrollo de aplicaciones, se encuentra con que debe asumir una serie de responsabilidades más allá de su especialización. Ha pasado de mantener las aplicaciones de la empresa dirigir todo el departamento de tecnologías de la información. Y, como un cocinero aficionado, pone todo su celo y su empeño en desarrollar su tarea. Pero la complejidad del nuevo entorno y de sus nuevas tareas es elevada y no se puede enfrentar en base a sus conocimientos o habilidades previas. Debe desarrollar y conocer técnicas diferentes para tareas diferentes. Al igual que en el mundo de la cocina profesional hay cursos de capacitación y escuelas en el mundo de la gestión de servicios de tecnología existen estándares y marcos de mejores prácticas para ayudarnos.
Pero tenemos que asumir que el que seamos capaces de hacer una tortilla española perfecta no es suficiente para poder dirigir una cocina.
