Hace poco tuve la suerte de asistir al estreno de “La loca de Chaillot” montada por mi amiga Teatriz.
La obra es magnífica, un prodigio de magia y esperanza y el montaje de mi amiga excelente aunque no se si seré objetivo del todo, la verdad.
Por desgracia no parece muy probable que la obra se represente de nuevo, una verdadera pena porque me gustaría compartirlo con todos vosotros aunque por otro lado hace que sea un poco más especial y único haber asistido a su representación.
Gracias un amigo he descubierto xkcd un comic con joyas como esta:

… según Wired.
¿De verdad tendremos que esperar 16 años para que exista algo así? No se si lo soportaré.
Ayer asistí a Pagagnini en el Teatro Talía.
Pagagnini es un espectáculo cómico musical donde vais a disfrutar del “virtuosismo físico” de los interpretes, una música muy hermosa y un humor sin fin.
Consultar las fechas de la gira y si pasa cerca de vuestra casa no podéis dejar pasar la oportunidad de ver la obra, hora y media de disfrute musical y humorístico.
Como resultado extraño de mi asistencia al teatro estoy intentando escuchar algo de música heavy. He recuperado algo de Paradise Lost y de Metallica. Espero más recomendaciones por parte de vosotros.
Ahora mismo estoy leyendo “Desde el infierno” de Alan Moore. También he leído “Watchmen“, “La liga de los hombres extraordinarios” y “V de Vendetta“, una cantidad no trivial de su trabajo y creo que su obra más representativa.
Alan Moore es un referente en el mundo del cómic por la calidad de su producción, su imaginación y su freak-knowledge infinito. Pero a mi no me gusta mucho, la verdad.
Los guiones de Alan Moore me parecen interesantes y reconozco su infinito conocimiento de la cultura pop moderna y pasada. Tan sólo hay que leer las notas de “Desde el infierno” o “La liga…”. Me encanta el uso de otros formatos dentro del cómic de Watchmen entre capítulos pero con todo eso sigue sin convencerme.
“From hell” y “Watchmen” me parecen eternos, injustificadamente largos. No puedo evitar arrugar la nariz ante un cierto tufillo pedante en “From hell” o en “The extraordinary…”. No es necesario recrearse en un comic de 500 páginas para poder mencionar todas la referencias que uno ha sido capaz de encontrar acerca de Jack el destripador, y, abundando en lo mismo, me parece un tanto injustificable todas las tramas secundarias que crea en Watchmen. Entiendo que los problemas de longitud que encuentro en sus obras tiene que ver con la edición completa de obras pensadas para la venta por partes pero ello no evita la abigarrada colección de personajes, eventos, tramas… La relación cantidad/precio es muy buena aunque yo hubiera preferido algo más barato y menos extenso. Supongo que es por esto que “La liga…” sea lo que más me guste de lo que ha hecho e incluso en semejante obra no deja títere con cabeza y no contento con las referencias evidentes hace una y mil hasta el punto de que los fan más amantes de Alan Moore escriben libros de interpretación sobre sus comics. No es que un comic no pueda estar lleno de referencias culturales o su escritor/guionista mostar una erudición sin par, es que en general no me gusta ese tipo de obras. Tampoco me gusta “Ada o el ardor”, de Nabokov, por la misma razón.
Aunque mi queja sobre la longitud no es tanto un problema como un síntoma, y es que Alan Moore me parece aburrido. Es difícil manejar bien el ritmo a lo largo de obras tan extensas y, evidentemente, a mi no me llega. Y su profusión de detalles, ¿innecesarios?, no ayuda a seguir sus creaciones. En mi caso consigue desconectarme de la historia y que continuarla sea todo un esfuerzo. Reconozco sus méritos pero, si no consigues que el consumidor permanezca “enganchado”, ¿de qué sirve tanta erudición?
Seguro que algún comentario a este post me demuestra la maestría de Moore y me convence de mi error. Espero la batalla.
Cuanto más lo pienso más claro lo veo. Las series de televisión son el mejor modelo a la hora de crear una campaña.
Hace poco tuve el placer de jugar el Orient Express de CoC y, a pesar del magnífico trabajo del narrador, había verdaderos problemas de consistencia con respecto a la formación del grupo de jugadores y la reposición de personajes conforme estos iban desapareciendo. También conozco y he leído “Las Máscaras de Nyarlathotep” y adolecen de la misma problemática, falta una estructura para justificar el grupo y los recambios. Como algún arbitraré “las máscaras” ya me he dado una solución: cambiar la fecha e introducir Delta Green, una de las mejores “ambientaciones” construidas alrededor de CoC.
Estoy trabajando una campaña propia y voy a utilizar conceptos propios de las series de la tele: una estructura para los personajes: agentes del FBI (X-Files), perdidos en una isla (Lost), médicos en un hospital (House), agentes de la fiscalía (Shark), … que me permita justificar su presencia, explotar relaciones previas y cambiar los personajes sin traumas a la coherencia de la historia. También tengo prevista crear un arco argumental para toda la campaña y trabajar episodios autoconclusivos donde aparezcan algunas pistas sobre la megatrama e ir profundizando en la misma conforme nos acerquemos al climax y la resolución de la misma. Como podéis ver todo estos elementos de cualquier serie de televisión moderna o propia de los comics seriales sin fin.
Está claro que la contracultura freaky ya ha generado esquemas para la construcción de historias seriadas sancionados por el tiempo. Ahora es cosa de que nos animemos y los utilicemos en nuestras propias partidas.
El otro día tuve la oportunidad de probar “Puppetland”, de John Tynes, donde los jugadores interpretan a marionetas en un mundo tétrico, Puppetland, donde Punch ha matado al bueno del Creador, siempre es de noche, la comida son caramelos y existe un lago de leche y galletas. El estilo de narración está orientado a contar cuentos entre todos los participantes aunque el narrador es el que debe dar entorno y continuidad y los jugadores el diálogo.
La creación de personajes es sencilla aunque obliga a trabajar mucho el concepto del personaje, en vez de repartir números debes decidir el tipo de títere, de dedo por ejemplo, tres rasgos que el títere es, tres cosas que puede hacer y otras tres que no puede hacer. El entorno y el aire un tanto infantil del juego hace que muchos de los títeres fueran “alegres, optimistas, valientes, glotones…” atributos todos ellos bastante alejados de los que se pueden encontrar normalmente en una mesa de juego.
La historia y la narración me salieron infantiles y los jugadores decidieron cambiar el tono de sus voces para parecer niños, también. Nada de esto es necesario aunque es cierto que las historias tienden a ser sencillas y cercanas a los cuentos para niños, todo esto una ventaja por explotar porque permite jugar con ciertos clichés y tópicos alejados de las estructuras de juego más normales.
Aunque acabé bastante descontento con la partida, convencido de que no volvería a jugar, la reflexión más fría y el tiempo me han hecho ver que nada de eso, seguro que volveré a jugar a Puppetland. Es un juego capaz de transmitir calidez humana y capaz, también, de ser divertido, ¿qué más se puede pedir?
Ya sabéis lo que opino de la “cultura enladata”, y es que no tiene futuro debido al bajo coste de la copia de información digital y al increíble desarrollo y penetración de las tecnologías de compartición de medios digitales.
De alguna forma relacionado con estas reflexiones se encuentra mi relación con el cine. Yo hago una gran diferencia entre las películas que merecen la pena y necesitan ser vistas en una gran pantalla con un sonido excelente y las que no. De estas últimas, fundamentalmente cine independiente de autor con un gran trabajo en la relación de los personajes, la historia…, ni siquiera los considero del todo “cine”, como imágenes en movimiento, sino más bien la popularización del teatro y su enlatado en forma de película. En cualquier caso, si creo que una película no desmerece por verla en una TV o la pantalla de un ordenador ni me planteo verla en un cine. El coste es elevado si lo comparamos con una descarga vía Internet, gratuita, y los medios audiovisuales del cine no me aportan absolutamente nada con respecto a la propia película. Seguro que se ve más grande pero tampoco es tan importante para este tipo de cine. Como consecuencia acabo en el cine para ver las grande superproducciones, la mayoría de Hollywood, y dejo fuera la mayoría del cine de autor, cine que también disfruto pero fuera de las salas, en mi casa o la de amigos.
Cuando comento esto con mi entorno me surgen dos críticas o quejas: que el cine que veo es malo, basura, y que no apoyo el cine de calidad. Mis respuestas siempre son las mismas: no voy a ir al cine a ver una película que no lo aprovecha y eso no quita que no vea la película. En un momento dado puedo hacer un consumo cultural con cierta dosis de apoyo cultural, como comprar un libro que ya he leído porque su autor lo ha liberado en Internet, pero no entiendo que por defecto tenga que apoyar el cine “español” yendo a las salas y pagando un dineral por algo que no merece la pena.
Y vuelvo al tema de la cultura enlatada. Las nuevas tecnologías cambian fundamentalmente la forma de acercarse y disfrutar de la cultura, y los productores deben adaptarse a ello más que protestar por la forma en que la gente se acerca a ello. Que existan salas de cine no quiere decir que sea la única posibilidad para poder visionar una película y tampoco podemos pretender que la película sea el único componente a disfrutar. Presentaciones de películas, discusiones con los creadores de la misma, debates alrededor de las mismas, son todas formas de incrementar el valor de la experiencia y dotan de mayor sentido a pagar por acudir a, no ya la proyección de una película, sino a un evento cultural alrededor de una película. Obviamente es mucho más trabajo para el creador de la obra pero es que las obras enlatadas cada vez van a dar menos dinero y la única cultura explotable comercialmente va a ser la dinámica, la viva y la saludable.
Soy asiduo lector del blog de Margot Wallström, vicepresidenta de la Comisión Europea.
En su último post sobre las primarias americanas cita un documento cómico sobre el nuevo tratado europeo: Spoofer’s Guide to the Lisbon Treaty. Es realmente divertido y explica bastantes cosas sobre el tratado. Todo esto porque los irlandeses tienen que votar el dichoso tratado para ver si les gusta o no y encima van empatados. Seguro que no se han clasificado para la eurocopa.
Gracias a Wired he descubierto a Christopher Conte:
After earning a Bachelors Degree in Fine Art (BFA) from Pratt Institute, he entered the prosthetics field and began making artificial limbs for amputees in New York. Combining an abiding love for sculpture, medical science and biomechanics, the field enables Chris to apply his natural talents to help others in less fortunate situations, which he still does to this day.
All along, creating sculpture never escaped his deepest passion. In 2007, Chris began offering these unique pieces for sale to the public for the first time. His work has been recently covered in Wired, Popular Science, Make Magazine, and used by The Discovery Channel and MTV Networks.
Os dejo un ejemplo para que lo disfrutéis:
